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La Prueba del Liderazgo

Posted on: March 4, 2001 2:16 PM
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Sermón predicado por el Arzobispo de Canterbury

El muchachito caminó alrededor de la cuadra con su pesada carga de dos maletas. El policía de Nueva York se fijó poco en su pequeña figura hasta que el niño había pasado frente a él cuatro veces. Detuvo al muchacho y le preguntó qué estaba haciendo: "Ocurre, señor," dijo, "que me he arrancado de mi casa, pero mi madre me dijo que nunca cruzara la calle."

La historia podría representar bien, en esta estación de Cuaresma, nuestra naturaleza rebelde que, aunque desea la libertad, todavía siente las limitaciones que la ley moral impone en nuestros corazones. Entonces, debido al poder de culpa, nunca "cruzamos la calle". Nos mantenemos dando vueltas a la manzana. Podría representar, por consiguiente, la tensión entre libertad y ley.

Pero hay otra interpretación posible. Veamos al niño como la comunidad, la Iglesia, que lucha con la tarea de interpretar la fe hoy. En ese caso, podría simbolizar la tensión que todos sentimos entre la autoridad de la fe una vez dada a los santos y el proceso de aplicar esa fe viva a nuestra cultura. Dejar la casa sin poder ir más allá de nuestra manzana es la tensión que sentimos muchos de nosotros cuando nos esforzamos por ser cristianos en el mundo contemporáneo.

Les invito a tener esta historia en su mente mientras exploro "la prueba del liderazgo" según la lectura del Evangelio donde, en el comienzo de su ministerio, Jesús se prueba más allá de lo que nosotros jamás experimentaremos. Claro, los augurios eran buenos. Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto. Y entonces, durante cuarenta días, la soledad se abalanzó alrededor de él - Dios parecía ausente e incluso el Diablo lo dejó solo - durante algún tiempo.

En estos días muchos preguntan si la existencia del Diablo es creíble, pero desde hace mucho tiempo yo comparto la actitud de C. S. Lewis cuando declaró reflexivamente: "yo he ido lo más cerca del dualismo que me permite el Nuevo Testamento -y, créanme, nos permite ir muy cerca." Pero, ya sea que usted ve esta historia como un encuentro real entre el "Padre de mentiras" y el "Hijo de Dios" o lo interpreta en términos más simbólicos y alegóricos, la historia nos lleva a una consideración sobre límites y el ejercicio del liderazgo.

La prueba empieza cuando Jesús está físicamente más débil. Y ésa es a menudo la manera: cuando estamos cansados, cuando hemos sido golpeados y debilitados, cuando estamos al extremo de nuestros temperamentos.

La primera prueba es una exploración en cuanto al llamado de Jesus. No es sobre la comida, aunque incluyó eso ciertamente. Es sobre pruebas. "Si eres el Hijo de Dios, entonces mira esa piedra, de forma tan parecida a una torreja de pan, conviértela en pan. Después de todo, Moisés en el desierto le dio a los Israelites el pan del cielo - ¿por qué no tú?" Más de un comentarista ha dicho que el Diablo conoce su Biblia y precisamente aquí se ve cómo él la está usando para sus propósitos.

Pero Jesús rechaza la tentación de buscar la manera fácil. El Diablo maneja una verdad a medias - el pan es importante. Pero es sólo una verdad a medias. Jesús, que conoce las escrituras más perfectamente, retoma el eco del Diablo en Deuteronomio y declara: "No sólo de pan vivirá el hombre." El pan que es el regalo de Cristo al mundo es la completa nutrición, que es tanto espiritual como física; emocional así como también cultural. Debe abarcar nuestra existencia entera.

Pero el Diablo no se rinde fácilmente - y, según nuestra experiencia, nunca lo hace. Él busca por otro lado; otra manera de debilitar a su antagonista. Si una apelación al apetito físico no funciona, entonces ¿por qué no una apelación directa a la ambición mesiánica? La narrativa aquí nos toma a la esfera de la imaginación y el simbolismo. Jesús es llevado a lo alto para mirar el mundo entero - la tentación aquí es la del poder y la gloria. De hecho, el Diablo dice la cosa más sorprendente sobre la propiedad del mundo: "Esto me ha sido entregado a mí! Yo te lo entregaré a ti. ¡Adórame y será tuyo." Aquí tenemos la versión extrema de "¿Quién quiere que ser Millonario?"

Ahora, erramos el punto si pensamos que esto sólo versa sobre si rendirle culto al Diablo en lugar de a Dios. Es más que eso. La verdadera prueba aquí es concebir el liderazgo en términos de un mesianismo fundado en un modo terrenal de gobernar- poder, gloria, riquezas y poderío. Y ésa era una imagen muy poderosa en los días de Jesus porque muchos judíos querían un reino similar al de Roma - sólo que universal y eterno. Pero Jesús dice: "¡No! El culto pertenece a Dios solo y el reino viene de él. Por consiguiente, el Reino debe buscarse a la manera de Dios - y ésa manera es la de paz, de santidad, de alegría y de perdón."

De laa tentaciones de la carne y de anhelos de poder mundano, el antiguo enemigo intenta finalmente tentar a Jesús en términos de un ministerio exitoso. Y nuestro enemigo usa su considerable conocimiento de teología -así como de las Escrituras- en su esfuerzo por derrotar al Hijo de Dios. Una midrash de los judíos contenía la tradición de que "Cuando el Rey Mesías se revele, él vendrá y estará de pie sobre el tejado del Lugar Santo y anunciará a los israelitas: "A ustedes los pobres, ha llegado el tiempo de su redención." Entonces, con la rapidez de un relámpago, Jesús es llevado imaginariamente a uno de las esquinas del tejado del templo y allí es tentado a dar una demostración pública de que Dios lo protegerá de todo daño. "Si eres el Hijo de Dios, dános una señal." Este es un evangelio atractivo, intervencionista, en el cual el poder está separado de la naturaleza moral de la voluntad de Dios. No hay ninguna batalla en semejante evangelio - y no es el evangelio de Jesús. El Evangelio de Cristo es un viaje, una viaje de misterio, así como tambien de revelación, de batalla, así como también de descubrimiento.

La naturaleza de la nutrición - la naturaleza del poder - la naturaleza del ministerio. ¿Qué tienen que decirnos en el ejercicio de nuestro ministerio?

A mí me parece que, detrás de cada una de las tentaciones, se está poniendo bajo la lupa un elemento muy importante del liderazgo: el de la autoridad. Si Jesús tiene autoridad, entonces el Diablo está sugiriendo que él pueda hacer todas estas cosas. Vean ustedes, el antiguo enemigo es el perfecto fundamentalista: si posees algo, exhíbelo; la quintaesencia del literalismo: si tienes autoridad sobre todas las cosas, puedes por lo tanto HACER todas las cosas; en el más puro reduccionismo: si realmente tienes autoridad, todo lo que importa es usarla.

Y Jesús resiste esa solución simplista porque él está arraigado en el amor de Dios y en una relación con su Padre celestial que puede soportar de pie toda la astucia de mal.

¿Qué hay de nuestra autoridad? Está ciertamente arraigada en Cristo. No tenemos ninguna autoridad que no esté basada en la de nuestro Señor; y todas nuestras decisiones deben conformarse a sus palabras y a su práctica.

Cuando escarbamos más profundamente en los problemas de la autoridad, allí comienzan los problemas. Nos encontramos en la misma situación de Jesus en el desierto y, como él, encontramos que somos desafiados a proporcionar soluciones simplistas a problemas complejos.

A menudo, tal como con Jesús en el desierto, la pregunta de cómo interpretar las Escrituras sale a la superficie. Por una parte podemos todos estar de acuerdo que la Biblia es "el indispensable letrero que Dios ha puesto para llevarnos a su revelación en Cristo", como John Macquarrie comentó hace tiempo. Sin duda. Pero el Cristo a quien recurrimos enseñó por medio de parábolas y a menudo evitó las declaraciones directas. "¿Cuál es la naturaleza de la vida eterna?" Él habla de una perla escondida en un campo. "¿Quién mi prójimo?" Él contesta hablando sobre un samaritano que ayuda a un judío herido de gravedad. "¿A qué es semejante Dios? "Él habla sobre un Padre, que tenía dos hijos."

No estoy diciendo que Jesús evita dar una enseñanza clara; yo estoy diciendo que él nos lleva a profundizar más y quiere que poseamos la verdad, haciéndola propia en nosotros. Y ésa ha sido la manera en que nuestra tradición ha recibido la revelación de Dios. Nos gozamos en las Escrituras y ninguna Iglesia ha sido más perseverante en colocarla en el corazón del culto y como el fundamento de la fe. Pero hemos evitado la opción fácil de citar versículos como si tomando un verso al azar hemos resuelto un problema. Donde la Escritura apunta en un cierto sentido con firme precisión, sabemos que si abandonamos esa dirección lo hacemos por nuestra propia cuenta y riesgo. Pero nos permitimos traer a la Escritura nuestras preguntas y nuestra experiencia y así llegamos a ser parte de una corriente viva de reflexión, de discusión, de lucha y, a veces, de cambio. Reinhold Niebuhr lo dijo así: "Una solución cristiana a un problema no es necesariamente la solución más pura en términos abstractos, sino una que es responsable en el sentido que toma en cuenta todos los factores necesarios." Cuán pertinente sigue siendo ese dicho!

Y, sin embargo, a veces pienso que es una debilidad de nuestra tradición el que en ocasiones decimos tanto sobre revelación que nos olvidamos que hay cosas ocultas también. Hay tanto que no sabemos y que quizás nunca sabremos. La rica tradición apofática de la Iglesia Ortodoxa tiene mucho que enseñarnos sobre el misterio como parte de la revelación. Por ejemplo, ¿cómo puede el escritor de Efesios decir "Conociendo el amor de Dios, que está más allá de nuestro entendimiento"? Para nuestro antiguo enemigo - el perfecto reduccionista - ésto es algo sin sentido. Pero para Cristo y para nosotros sus seguidores es una hermosa paradoja que nos permite vislumbrar destellos de un Dios que es maravillosamente más grande de lo que podemos imaginar y, más aún, que nos ama como somos y desea que sigamos creciendo, aprendiendo, adaptándonos y renovándonos.

Permítanme volver a ese muchachito, que ha estado dando vueltas por su manzana ya demasiado tiempo. El se dio cuenta que había límites a la libertad; nosotros también lo sabemos. Todos nosotros, de vez en cuando, experimentamos la tensión entre dejar la casa y cruzar la calle. El liderazgo responsable está modelado en el de nuestro gran líder, cuya autoridad fue tallada por una cruz.

Como Austin Farrer escribió tan maravillosamente en 1968: "El que se dio a sí mismo por nosotros, primero como un niño, llorando en un establo, el que colgó desnudo del madero, no se enaltece en su dignidad. Si Jesús desea estar en nosotros, y nos permite mostrarlo al mundo, es poca cosa que debamos soportar el ser tenidos por locos por causa de Cristo, o ser ridiculizados por el rol que nos toca jugar. Debemos aguantar tal humillación, o mejor todavía, olvidarnos de nosotros totalmente. Porque Dios está aquí; Adorémosle!".

Traducción/Translation: Ricardo Tucas
as a service to the Anglican Communion Office