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God was with me

God was with me

Jeroham Melendez

08 January 2018 12:31PM

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A member of the Anglican Consultative Council from the Iglesia Anglicana de la Region Central de America – the Anglican Church in Central America – Jeroham Melendez, offers his reflections on being shot in a robbery.


A few years ago, during my time in University, we had a cycle of film noir. I was assigned to write a biographic script for a short film within the genre.

My script portrayed the petroleum entrepreneur, John Davison Rockefeller. It is known that he kept a strict accounting of his finances until the end of his days in a small, red pocket notebook he dubbed “Ledger A” which served as title for my script.

In my research I found an anecdote that motivated the outcome of my story.

One day, while working, a lad with a disturbed mind burst into Rockefeller’s studio pistol in hand, urging him to share his fortune among the poor of the planet. Rockefeller did not lose his temper, he took a pencil and prepared to do an arithmetical calculation, he looked up, pushed the pistol away and said to the intruder, “It is well-known that my fortune amounts to about two billion dollars, as the population of this world approaches 1.8 billion souls, you take the dollar with 12 cents that in justice belong to you and do let me continue to work.”

Last June the Diocese of Texas extended an invitation for a delegation of the diocese of Costa Rica to attend a conference in Camp Allen. At the end of the conference the organization invited us to sign up in typical camp activities, most Costa Ricans, who see weapons as something rare, signed up for skeet shooting. For the first time in my life I held and fired a gun, after several shots I finally hit the target a couple of times. It was an exciting experience for everyone. Little did I know that precisely one week later my experience with fire guns would take a very different course.

Back home on Friday evening, I was in the front yard walking my little dog, when two armed guys who came down the street entered my house, as I struggled with them the gun was shot twice and I was shot in the left leg and later hit in the head. The incident immediately alerted the neighbours that called for help and that caused the guys to flee quickly without having the time to steal anything nor get to my family who had time to lock themselves in a room and call 911.

At the hospital the doctors confirmed that the bullet pierced my leg without touching more than muscle tissue. I’ve had a physical recovery with no major complications.

When in danger we all react in different ways, some surrender, others have the opportunity to defend ourselves. Like Rockefeller, I reacted in defence of my fortune, but unlike Rockefeller my fortune is not measured in dollars, mine can’t even be quantified. However I do know I have one. I have always believed that the most striking sign of God’s existence is the love that we experience in our lives.

I would like to say that there was a purpose for this incident and that I know what it was. I would like to say that God always protects those who fear him, but if he did no Christian would suffer injustices in this world. Maybe my tragedy had a purpose or maybe it was just an isolated circumstance.

Maybe one day I will have a clearer answer for all this, or maybe I never will, but what I do know is that God was with me and that he does know what his purpose for me is.


Dios estaba conmigo

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Un miembro del Consejo Consultivo Anglicano de la Iglesia Anglicana de la Región Central de América, Jerojam Melendez, ofrece sus reflexiones sobre recibir un disparo en un robo.


Hace algunos años, en mi paso por la Universidad, tuvimos un ciclo de cine negro. Uno de mis cursos, Taller de guión, incluía como asignación desarrollar un guión de cortometraje biográfico dentro de ese género.

Mi guión tenía como personaje al empresario petrolero, John Davison Rockefeller. Se sabe que el magnate contabilizaba sus ganancias en una libreta a la que llamaba “El registro A” que llevó consigo hasta el fin de sus días y fue éste precisamente el nombre que usé como título para mi guión.

En mi investigación encontré una anécdota que motivó el desenlace de mi historia. Un día, irrumpió por sorpresa en su estudio, un desequilibrado, pistola en mano, apremiándole que repartiera su fortuna entre los pobres del planeta. Rockefeller no perdió la calma, tomó un lápiz y se dispuso a realizar un cálculo aritmético, levantó la mirada, apartó el cañón de la pistola y dijo al intruso “Bien – Conocido es que mi fortuna asciende a unos dos mil millones de dólares, como la población de este mundo se aproxima a las mil ochocientas millones de almas, tome usted el dólar con doce centavos que en justicia le corresponde y déjeme seguir trabajando.

El pasado mes de junio la Diócesis de Texas extendió una invitación para que una delegación de la diócesis compañera de Costa Rica asistiera a una conferencia que tiene lugar en, Camp Allen. Al finalizar la conferencia la organización nos invitó a inscribirnos en actividades recreativas propias de un campamento estadounidense, la mayoría de los costarricenses, que vemos las armas como algo ajeno, nos anotamos para disparar discos. Así por primera vez en mi vida sostuve un arma en mis manos y la disparé, tras varios intentos finalmente pude dar en el blanco un par de veces. Fue una experiencia emocionante para todos. Lejos estaba de saber que exactamente una semana después mi experiencia con las armas de fuego adquiriría una dimensión muy distinta.

De regreso en casa, el viernes por la noche, estaba en el jardín frontal de mi casa paseando a mi pequeño perro, cuando dos tipos armados que pasaban por la calle entraron a mi casa, al forcejear con ellos su arma se disparó dos veces y yo resulté herido de bala en la pierna izquierda y con un golpe fuerte en la cabeza. El incidente alertó de inmediato a los vecinos quienes muy solidariamente provocaron que los tipos huyeran rápidamente sin haber tenido tiempo de sustraer ninguna de nuestras pertenencias ni alcanzar a mi familia quienes tuvieron tiempo de encerrarse en una habitación y llamar al 911.

En el hospital los médicos confirmaron que la bala atravesó mi pierna sin tocar más que tejido muscular. He tenido una recuperación física sin mayor complicación.

Ante el peligro no todos reaccionamos del mismo modo, algunos sucumben, otros hemos tenido la oportunidad de defendernos. Al igual que Rockefeller, yo reaccioné en defensa de mi fortuna, pero a diferencia de Rockefeller la mía no se mide en dólares, la mía ni siquiera puede ser cuantificada. Pero sé que la tengo. Siempre he creído que la muestra más contundente de la existencia de Dios es por el amor que experimentamos en nuestras vidas.

Quisiera decir que hubo un propósito para este incidente y que yo se cuál fue. Quisiera decir que Dios siempre protege a quienes le temen, pero entonces pienso que si así fuese ningún Cristiano sufriría injusticias en este mundo. Quizá mi tragedia tuvo un propósito o quizá fue simplemente una circunstancia adversa.

Quizá un día tenga una respuesta más clara sobre todo esto, o quizá nunca la tenga, pero lo que sí sé es que Dios estuvo conmigo y que él sí sabe cuál es su propósito para mí.

 

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